Tres nuevos detalles-prácticas viven en mi habitación desde este fin de semana.
Dos, inspirados en el viaje.
El otro, hijo de la necesidad.
Primero, los nuevos almohadones.
El sábado tuve el día libre y no podía decidirme a empezar ningún proyecto grande. Buscando entre la pila de cosas a medio hacer que tengo, encontré unos bloques de cuarto de círculo rojos y blancos.
Instantáneamente se me vinieron a la cabeza los lunares de Yayoi Kusama que ví en el Tate.
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| Era una retrospectiva muy bien armada de todo su trabajo. |
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| Lo único que había de sus obras con lunares rojos y blancos eran estas pelotas inflables, que estaban en los pasillos |
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| fuente. La persona que sacó esa foto tuvo la suerte de ir a la inauguración de la muestra, que pareciera haber sido bastante privada. Cuando estuve yo, ahí mismo había un promedio de 1000 personas. No había forma de frenar a sacar fotos porque te llevaban por delante |
Gran parte del trabajo de Kusama gira en torno a los lunares, la repetición obsesiva de las formas y la construcción de instalaciones en las que dejan de existir las referencias espaciales de siempre.
Y a mí me encanta.
Entonces, decía, vagamente inspirada en sus lunares fue que decidí coser almohadones para mi cama.
Y quedaron mas o menos así:
La segunda idea inspirada en el viaje, que aún no puse en práctica, es la de abandonar el uso de sábana de arriba durante el invierno.
En los dos lugares donde nos quedamos, la sábana de arriba no existía y el edredón estaba cubierto con una funda finita, lavable.
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Esa, por ejemplo, era la funda de edredón del departamento de Paris. Por arriba era de gabardina fina y por debajo, de percal de algodón. La cama se arma en medio segundo y no te enroscás más en la sabana! |
Aún tengo que encontrar varios metros de algunas telas que me convenzan para construir las fundas. Porque no se puede empezar con una sola funda. Como mínimo necesitás dos para rotar con el lavado.
El último proyecto, el hijo de la necesidad, es un puff provisorio.
En casa había quedado un cubo de telgopor de 40 cm de lado de un evento que organizamos hace un montón.
Es una porquería, pero lo usamos para apoyar cosas.
Como la idea no es que siga quedándose acá, nunca quise armarle una funda.
El sábado se me ocurrió envolverlo como si fuera un regalo con una tela que tenía guardada desde hacía un montón y unas cuantas alfileres.
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| Hoy, que vuelvo a estar en casa, voy a ver si le armo un almohadón blanco, porque ese rojo me hace doler los ojos. O por ahí uso más lunares |
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| Ahí están las alfileres. Cuando me canse, lo desarmo y recupero la tela. |
Me da la sensación de que esta fiebre de la renovación no se termina acá. Es una pena que por ahora esté solo orientada a la costura, porque la biblioteca del living anda necesitando un poco de pintura.